Música que ensordece, alaridos y la tierra que ligeramente asciende hasta entrar por las fosas nasales. Huele... A la última de las glorias, al mejor de los momentos, a la ovación de Tique, del mismo Zeús.
Avanzar por aquella oscuridad, donde a la distancia un punto blanco parece enceguecer con su resplandor de luz de día. Poco a poco, con los majestuosos pasos de quien confiado encara a su destino. Altivo, con el temor echado a un lado por el apéndice que se mueve ligeramente al andar del héroe.
Rememora, la primera vez. La violenta primer acometida que sin embargo supo evadir por algún secreto arte. También recuerda el primer choque violento, cara a cara. Igualmente rememora con orgullo su supuesto andar triunfante tras el choque, mientras el otro ya no se tiene en pie y es llevado a rastras.
La luz poco a poco lo rodea, y se encuentra de nuevo en aquel lugar de victorias y derrotas, de muerte y vida. El paso sereno no logra sacar de su mente el dolor de sus enjutas extremidades, indudablemente debilitadas por años y años de enfrentamientos.
Finalmente encuentra a su rival. Reconoce que apenas es un crío, confundido aunque lleno de esa vitalidad característica de su edad... Y el crío arremete, impulsivamente. Sin mayor problema, el héroe se desembaraza de el, con un movimiento que casi denota hastío, el crío sin embargo, se devuelve de la fallida acometida y se lanza impetuoso, cogiendo al héroe. Quien sin embargo logra desafanarse de nuevo, no sin tropezar pues la edad ya no juega a su favor...
La última faena del monumental toro blanco apenas empieza... Igual que otras tantas veces. La vida o la muerte aguardan. La paz... Algún día.
Avanzar por aquella oscuridad, donde a la distancia un punto blanco parece enceguecer con su resplandor de luz de día. Poco a poco, con los majestuosos pasos de quien confiado encara a su destino. Altivo, con el temor echado a un lado por el apéndice que se mueve ligeramente al andar del héroe.
Rememora, la primera vez. La violenta primer acometida que sin embargo supo evadir por algún secreto arte. También recuerda el primer choque violento, cara a cara. Igualmente rememora con orgullo su supuesto andar triunfante tras el choque, mientras el otro ya no se tiene en pie y es llevado a rastras.
La luz poco a poco lo rodea, y se encuentra de nuevo en aquel lugar de victorias y derrotas, de muerte y vida. El paso sereno no logra sacar de su mente el dolor de sus enjutas extremidades, indudablemente debilitadas por años y años de enfrentamientos.
Finalmente encuentra a su rival. Reconoce que apenas es un crío, confundido aunque lleno de esa vitalidad característica de su edad... Y el crío arremete, impulsivamente. Sin mayor problema, el héroe se desembaraza de el, con un movimiento que casi denota hastío, el crío sin embargo, se devuelve de la fallida acometida y se lanza impetuoso, cogiendo al héroe. Quien sin embargo logra desafanarse de nuevo, no sin tropezar pues la edad ya no juega a su favor...
La última faena del monumental toro blanco apenas empieza... Igual que otras tantas veces. La vida o la muerte aguardan. La paz... Algún día.
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