20 de noviembre de 2011

Otro cuento


Mientras hablaba, una corriente de aire comenzó a recorrer aquella explanada ligeramente poblada por personas que realmente no deseaban estar ahí. Desde luego, la hora de los discursos es por lo regular un momento tedioso –aún cuando el discurso lleve la sangre, el alma y el desvelo del autor en el-. Pero claro, muchas veces esto no importa. Y de hecho, en este momento ni el discurso ni ella tenían tanta importancia como el viento aquel que recorría el lugar.
Este viento, en cierta forma era alegre, en cierta forma agresivo, y en cierta forma cariñoso. Quizá en el momento del discurso se aproximaba como otras veces, alegre para juguetear con su pelo, para refrescar ligeramente el ambiente.  Y a la par un poco agresivo –debo decirlo-, para liberar de su sopor a los escuchas obligados de aquel discurso, o para levantar el polvo que se acumulaba con hastío en algunos rincones, o quizá para llevarse todo aquel sentimiento indeseable. Y a veces, el mismo viento soplaba con cariño, cuando se le necesitara. Ya fuera para acompañar un atardecer de esos que uno desearía jamás terminasen, ya fuera para ser el tercero que se funde en un abrazo, y también para llevarse alguna lágrima y con ella el dolor, la pena, la impotencia y demás situaciones incómodas que muchas veces parecen no tener solución alguna.
Pero bueno, resulta que este viento tenía cierta característica que lo hacía ligeramente humano. Este viento –antes Ehécatl, Eolo u otra veintena de nombres que ya nadie recuerda- andaba como cualquier otro. Recorriendo el mundo. Con cierta libertad, que a la par le obligaba a no poder permanecer mucho tiempo en donde quisiera. Pues desde luego… No era posible que el viento se detuviera. Si así fuera ¿Quién tomaría estas atribuciones de alegría, agresividad y cariño?
Y sin embargo, tenía sus lugares predilectos. Le encantaba por ejemplo, rondar por aquellos lugares donde el frío parecía nunca terminar. En cierta forma tal frío le hacía pensar en la posibilidad  de que todo –incluido el- se congelara, se detuviera. Aunque fuese solo una vez, esto le hubiese permitido ver por más tiempo alguno de tantos lugares por los que pasaba de vez en cuando.
Amaba también aquellos lugares donde la lluvia era frecuente. El ruido de las gotas golpeteando contra todo lo que hubiese a su paso, los pequeños riachuelos que se formaban en cualquier pendiente y ese aroma que sólo la lluvia puede producir eran en su conjunto, otro de los lugares que este viento ansiaba recorrer cada que tuviera la oportunidad.
Existía sin embargo, otro lugar que de hecho se le antojaba muy incómodo. Hacía desde luego, un calor endemoniado que incluso hacía que su temperatura se elevara. Además de esto, el lugar era seco como pocos así que la moneda corriente era que cada vez que atravesaba ese lugar, regresaba ligeramente hastiado, arrastrando con el todo el calor y polvo que pudiese imaginar. Y sin embargo, había un buen motivo para andar de vez en cuando en esas no tan agradables tierras.
Y es en este momento, que aquella mujer del discurso toma importancia. Pues era el motivo por el cual el viento andaba alegremente por esos lugares que de otro modo le hubieran parecido insoportables. Ya fuera para alegrarle un poco el día, soplando a veces un poco de más, agitando su pelo. Ya fuera compartiendo un poco de ira. Y aún llevándose de vez en cuando sus lágrimas, rodeándola suavemente como queriendo decirle que todo pasará y que en algún momento las cosas mejoraran…

16 de noviembre de 2011

Corazones

Dice Mario que lo tuyo, tu problema
es ser de aquellos corazones coraza.
Que lo tuyo es miedo, no malas intenciones,
pequeña y dulce corazón coraza.



Difiero, lo tuyo también es de abrojo,
vida entre un clima agreste, temor y agresión.
Corazón abrojo, tocarte hiere.
Corazón abrojo, se defiende, muerde.


Y según Romero, también los hay de mimbre,
que se doblan, que resisten, que jamás se rompen.
Corazón que se forra de espuma, se esconde.
Corazón de mimbre, se dobla antes que partirse.



Y queda el mío, corazón carne trémula,
corazón puño sangrante, latir a veces cansino.
Y desde luego, no lo niego, también a veces:
Coraza, abrojo, mimbre y desatino.





Yep, esto ya está en el fb. Sólo quería unirlo, Mario es Benedetti, Romero es un cantante, y los otros dos son míos. Fin de la historia.

7 de noviembre de 2011

El gato con los pies de trapo


Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Podríamos imaginarnos que el pobre gato del cuento vivía en la total y absoluta amargura. Y esto desde luego se debía en parte a su condición, pues claro; ¿Quién no estaría triste de vivir en la triste situación de ser un gato bizco y semiparalítico? Sin embargo, la mayor inconformidad de este gato, -a partir de ahora nuestro gato- podía ser otra, muy distinta a las características de su existencia.

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
 Un cuento bastante malo, sin acción. No hay princesas, dragones o finales felices. Sólo nuestro gato. Y desde luego, esto nos puede hacer pensar que nuestro gato vivía siempre molesto. Desde luego, este nuestro gato y su cuento breve no se parecía en nada aquel otro cuento del tipo que cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Cuando menos aquel tipo era capaz de dejar absorto a cualquiera, pensando mil y un cosas. ¿Qué soñaba antes de despertar? ¿Qué dinosaurio era aquél que estaba allí? ¿Qué habría hecho aquél tipo en cuanto vio a aquél dinosaurio salido directamente de sus sueños? Por cosas como esta, podrán imaginarse que nuestro gato vivía terriblemente molesto. El era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. Y ya. El no hacía, no decía, no se movía, no despertaba, no hacía nada. Sólo estaba. Desde luego, muchas veces cambiaba de color. A veces era blanco, a veces marrón, a veces negro y las menos, pinto. Lo mismo aplicaba para los pies de trapo. A veces eran sucios remiendos que parecían haber sido pasados por el sucio piso una y otra vez, a veces brillantes pies de satín e incluso alguna vez, pies de trapos multicolores. ¿Te imaginas? Un gato camaleónico que no podía moverse, que no hacía nada y que incluso parecía estar en el limbo.

Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Y sí. Según la descripción el gato podría estar en cualquier o ningún lugar. Seguramente estaba tirado en un cuarto blanco. De esos que vuelven locas a las personas. O quizá en la cima del mundo, rodeado de nieve y silencio. O quizá en las profundidades de la tierra, rodeado de oscuridad y silencio. Pero seguramente nadie se imaginaría a este nuestro gato en una fiesta, tirado en la playa o tirado en la ventana de un edificio de una gran ciudad viendo cómo caía la lluvia a través del cristal. Eso último hubiera hecho de nuestro gato un gato nostálgico y hubiera sido un gran cuento. Pero no, nuestro gato no hacía nada y estaba rodeado de nada.

Y desde luego, este cuento de nuestro gato con los pies de trapo y los ojos al revés era muy malo. Hacía reír a muy pocos niños. Ahora mismo sólo podría mencionarte a alguno cuya sonrisa era más fácil de conseguir hace 20 años. Pero por otra parte, muchas veces era utilizado para salirse por la tangente, Para dejar sin un cuento a lindas niñas de sonrisa radiante y vestidos rojos. Así que sin más, el cuento de nuestro gato fue cayendo en el olvido. Situación que podría parecer triste, pero que en realidad no lo es.

Imagínate a nuestro gato. Han pasado muchos años y ya nadielo cuenta. Podríamos pensar que desapareció en el tiempo como un mal chiste o un mal sabor de boca.  Pero no fue así. Con tanto tiempo libre, podrás imaginarte que nuestro gato comenzó a aburrirse. Ya nadie lo contaba, así que ya nada le exigía permanecer quieto, tirado en la nada. Sin embargo, es necesario mencionar que después de mucho tiempo de ser contado como un gato que no se mueve, el pobre estaba por demás entumido. Así que paso largos días intentando moverse, levantarse.

 Y sí, poco a poco comenzó a sentirse. Primero las orejas. Y pudo escuchar su respiración, sus latidos y quizá el pasar de alguna casi imperceptible corriente de viento. Luego el cuello, la cola, parte del cuerpo y así, hasta que llegó a los pies. Situación que se antojaba complicada, pues desde luego ¿cómo podría moverse con esos pies de trapo? ¿Cómo podría levantarse con esos pies de trapo?

 Y sin embargo, lo logró. Con mucho esfuerzo al principio. Caminando  como un recién nacido, como un borracho después y a base de práctica y esfuerzo, logro caminar con la docilidad de cualquier gato. Cualquier gato enfundado en calcetines, claro. Y desde luego, no sólo se había producido un cambio en la capacidad de nuestro gato para moverse. Resulta que también poco a poco, fue adquiriendo la capacidad de observar, de sentir, de pensar. Sin embargo no podía hacer mucho estando en ese lugar vacío. No había nada salvo el. El gato con los pies de trapo y los ojos al revés. Sin embargo, un día algo pasó.

 Nuestro gato caminaba tranquilamente en el infinito lugar vacío cuando de pronto cayó al suelo, sin poder moverse. A la par de esto comenzaba a tomar un color blanco, totalmente blanco mientras que sus patas se tornaban azules. Y de repente pudo observar algo. Había a su alrededor una gran cantidad de cosas que él no conocía pero que desde luego llamaron su atención, luego todo desapareció. Y volvió a aparecer, y a desaparecer. Y apareció, y desapareció. Todo esto mientras escuchaba estas palabras:

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Al terminar la última frase, nuestro gato pudo moverse de nuevo. Sin embargo aquél lugar vacío ya no era tal. Habían aparecido de no sé donde, algunos objetos. Parte de lo que había visto al quedarse paralizado ahora yacía ante él. Desde luego, esto le causó una gran curiosidad y se la pasó largo tiempo observando todos estos objetos. En realidad estos no eran más que una revista y algunos recortes. Sin embargo nuestro gato no sabía que tales cosas eran lo que eran. De modo que quedó muy sorprendido ante tal hallazgo. De repente –y en realidad no sabemos cuánto tiempo pasó, se escucharon de nuevo las palabras-

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Y de repente, más cosas aparecían ante nuestro gato. Juguetes, ropa, cobijas, camas, dulces. Todo lo que nunca antes había podido ver ahora se hallaba ante él. Poco a poco no sólo aparecieron cosas. Sino que empezó a percibir aromas, sensaciones. A veces un calor que lo aletargaba. A  veces frío, demasiado frío. A veces el olor de la tierra mojada y algunas otras el inconfundible aroma del mar. Desde luego, nuestro gato ahora se sentía totalmente diferente. Ahora conocía muchas cosas que antes ni siquiera podía imaginar.

 Y sucedió, que algún día mientras nuestro gato leía alguno de tantos libros que ya habían aparecido en este su lugar ya no tan vacío (Y no me pregunten cómo, pero nuestro gato aprendió a leer), de nuevo se quedo parado. Y escucho de nuevo:

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Sin embargo, algo había de raro en esta ocasión. La voz que dictaba el cuento parecía molesta, muy molesta. Fastidiada, como si hubiera una gran infelicidad en ella. A la par de esto, nuestro gato pudo observar dos caritas muy parecidas. Ambas con lágrimas en los ojos y una gran cara de tristeza. Esto desde luego, hizo sentir mal a nuestro gato. Tanto que no notó lo que había aparecido en esta ocasión mientras el simplemente cerraba los ojos, tratando de olvidar esas imágenes que le habían producido una gran incomodidad.

 Sin embargo, en algún momento volvió a abrir los ojos y observó aquel extraño y nuevo objeto que tenía frente a él. Un reluciente y negro armatoste lleno de botones con letras pintadas en cada uno de ellos y hojas de papel estaban a su lado. Nuestro gato, aún con cierta pesadumbre se acercó a este nuevo objeto observándolo detenidamente. De algún modo coloco una hoja en aquel armatoste y comenzó a presionar botones, extrañado ante semejante invención.

 -asdTahsfkaw409hEdkljsdhfkjq3q   qu0Adslidu q33u qwr uy dasdaosdas Mahsdaksckcnea Osdadas  asjadhksdh ajfkahdsfkjahjfafk Dsasdakjsdh Adgsyierusdfhsdfsdf Nadasdasaiutpwyw Iasdhasdhakjsdhakjdhaskjd-

 Y poco a poco siguió practicando. Sin embargo la imagen de esos dos pequeños seguía en su cabeza. Y así pasó algún tiempo. Tiempo en el cual nuestro gato se hizo de un mundo muy parecido al nuestro, lleno de cosas por observar y por hacer. Lo que finalmente lo llevaría a ser un gato por demás instruido. Sin embargo estando solo difícilmente podía pensar en algo más que el (aunque esta situación aplica para los gatos verdaderos también). Y aún a pesar de esto, la imagen de aquellos niños seguía rondando en su cabeza.

 Desde luego, aún era habitual que nuestro gato quedara paralizado de vez en cuando y escuchara:

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Y de repente, esto le provocó una gran idea. Recorrió ese enorme lugar que antes fue su lugar vacío, buscando desesperadamente. Hasta que encontró aquel armatoste en el que tiempo atrás había escrito. Colocó una hoja y comenzó a escribir, lentamente:

 Este era un escritor, que tenía dos hijos, los cuales tristes lloraban…
 De repente, una voz sonó en algún lugar: ¿Dónde estoy?
 Raudo y veloz nuestro gato se lanzó a ubicar la fuente de ese sonido. Y en poco tiempo lo encontró. Parado frente a él, se encontraba el mismo sujeto que tiempo atrás lo había llamado y había hecho aparecer frente a él, ese armatoste para escribir.
 El hombre parecía confundido. Muy confundido. Y en cuanto vio a nuestro gato no pudo hacer otra cosa que sorprenderse de nuevo.

 ¡El gato, el gato con los pies de trapo y los ojos al revés!

 Y este nuestro gato, con una mirada que era una mezcla de pesadumbre y paciencia se acercó a los pies de aquel hombre, pegándose a sus piernas para luego alejarse, esperando que el hombre entendiera el mensaje y lo siguiera.

 Afortunadamente este hombre entendió el mensaje y siguió a nuestro gato por su mundo. El mismo mundo que antes era un lugar vacío y que ahora se encontraba repleto de todas las cosas del mundo. Después de un tiempo que no sabemos si fue mucho o poco. Y después de que el escritor viera todo lo que había en el mundo de este nuestro gato, desapareció. Dejando a nuestro gato con la esperanza de lo que él quería, sucediera.

 Y en algún momento, que tampoco sabemos si fue poco o mucho tiempo después. Este nuestro gato se quedo paralizado de nuevo:

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
 -¡Sí!- contestaron dos voces al unísono
 -Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. Y este gato vivía en un lugar maravilloso, lleno de todas las cosas que uno pudiera imaginarse. Y este lugar era todo y nada a la vez. Era campo fresco, una calurosa playa en un día de verano e incluso era mar embravecido. ¿Quieren que les cuente más?-
 Y de nuevo el ¡Sí! en las caritas encendidas de dos niños que se sonreían
 -Pues resulta que un día, este gato con los pies de trapo y los ojos al revés…- Y la historia se hizo larga. Esa fue una gran aventura para nuestro gato. Y le siguieron muchas, muchas aventuras más. Incluso, algún día creyó reconocer a la linda niña del vestido rojo. La linda niña del vestido rojo ahora convertida en una bella mujer que felizmente le contaba una historia a otra niña, con la misma sonrisa angelical que ella y otro vestido rojo.

 Y este, fue el cuento de nuestro gato. Nuestro gato con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?


 C O N T E X T O ! ! !

En fin, esto lo escribí a principios de año, en realidad me agrada el contraste que terminó mostrándose al acabar con el cuento. Desde luego, la intención era crear una especie de cuento infantil, aunque la deformación profesional me llevo a hacerlo no tan infantil, con cosas raras que se me fueron atravesando y demás. Desde luego, está atascado de referencias raras dedicadas a la dueña del cuento, porque finalmente fue un regalo de cumpleaños. Ya saben... uno no puede hacer otra cosa que esforzarse en lo que se es medianamente bueno y esperar que con la práctica y la correcta motivación, mejore.

BTW... Ese cuento del gato con los pies de trapo es bastante desconocido, jamás pensé que en base a eso se diera esa situación, situación rara que originó este cuento raro. C'est la vie! 

Desde luego, creo que el cuento le gustó :D

Eeeen fin, fuera de eso, no tengo nada más que decir.