8 de junio de 2015

Economía del miedo

Pretendemos hacer del miedo panacea:

Inmoviliza, acalla, oculta, justifica.
Genera incluso el perdón, la ausencia de reclamos,
en casos graves libera incluso algunas culpas.

Desde luego, si pensamos en efectos similares
miedo y muerte son la misma cosa.

Sin embargo uno se muere,
pasa de esto a aquello,
de el o ella a eso
inevitable.

El otro tiene miedo, y algo hace con el,
digamos usufructúa, economiza,
vive con el o vive de el,
decide.

Desde luego:
Vivir del miedo es redituable,
aún cuando en el fondo
sea auto explotación gozada.


(Cabe aclarar: siempre odie llevar economía hasta que me hablaron de la libidinal.)

14 de marzo de 2015

Re-habitando

Mientras terminaba de cerrar la puerta con la respiración entrecortada consideraba todas y cada una de las posibilidades siguientes: Eso quedaría ahí encerrado, olvidado por siempre; o eso mismo podría romper la puerta, astillarla a golpes y escapar para seguir invadiendo su vida, como una forma macabra de habitarlo. Quizá la segunda idea fue la del terror, pues apenas se cerró la puerta, un movimiento seco rompió la llave dentro de la cerradura y echó a andar con ese paso que sólo puede indicar urgencia, más que de llegar a un lugar, de alejarse de otro; una caminata constante que se detiene sólo cuando uno se pregunta...

-¿Qué ha pasado? –

Y no se trata de una pregunta que nos hable de algo emergente, pues lo que emerge repentinamente nos arrebata incluso la capacidad de cuestionarnos y nos deja con ese ambiguo estado de shock. Ni bien ni mal, solamente un stand by. Pero no en este caso. Preguntar “¿Qué ha pasado?” casi invita lingüísticamente a considerar que eso que “ha pasado” es más un trayecto, etapas de algo que no estaba, se ha venido construyendo y ahora sí que está, o viceversa. Lo que ha pasado es entonces un trayecto. Y entonces, ¿Qué ha pasado?

Primeros sucesos imperceptibles, cotidianos. La pérdida momentánea de un juego de llaves achacada casi siempre a un descuido que se resolvía con una recreación mental de los lugares recorridos, se transformó gradualmente en un nunca saber dónde estaban las cosas. El juego de llaves en el bolsillo aparecía de repente en la cocina, la cartera en el escritorio, libros en el baño –práctica común de varias personas, que no suya-, etc. Situaciones que si bien trató de llevar con calma, llegaron al punto de encontrar el cuchillo de cocinero, ese entero metálico con muescas ovaladas para evitar que la comida se pegara a este, debajo de la cama. Demasiado inconsistente para alguien que jamás habría considerado el suicidio como teoría o práctica.

Y si bien estos sucesos podrían ser anecdóticos, temas de sobremesa o chistes de mal gusto, no lo fueron así los siguientes hechos: Puertas abiertas, camas sin tender, televisor encendido en el canal cultural, radio gubernamental, café instantáneo en la alacena, la llegada de un repartidor de comida rápida, aparición y desaparición de ropa, preguntas de los vecinos sobre el nuevo inquilino, a veces incluso música que si bien creía reconocer como suya, una escucha atenta le confirmaba que definitivamente la desconocía.

Desde luego, ésta situación fue abordada desde distintos lugares. Esquizofrenia paranoide con síntomas psicóticos aunado a un cuadro de trastorno bipolar en fase maniaca con una pisca de trastorno limítrofe de la personalidad, más gripe, hipertensión, y un trastorno por déficit de atención e hiperactividad mal atendido en la infancia podrían haber sido una buena explicación de estos extraños sucesos. También un Doppelgänger, un duende, fantasmas, la lejana familia que de repente cayó en desgracia. Hasta un Okupa podría haber estado habitando este lugar sin que se hubiese concretado un encuentro fugaz entre ese otro inquilino y el que aquí habitó, a pesar de haber pasado algo más de seis meses, nunca hubo un encuentro. Quizá algunos murmullos, risas lejanas, sombras que a veces bailaban, a veces corrían, quizá otras veces el ligero aroma de un desodorante barato o el aroma nauseabundo de la humedad, fuera de eso, no había nada que tocar, no había rastros palpables de ese otro ser que poco a poco habitaba la casa a la par.

Y de repente despertar, y ver algo que permite llegar al entendimiento, que no necesariamente escapa del horror: No estaba ya esa horrible máscara para el foco del techo, ni los libros en las paredes, ni ese atrapasueños de la infancia, las cobijas no son las de siempre ni el color de las paredes. La ventana y la puerta están donde siempre, pero fuera de eso todo el lugar se ha vuelto otro. Lo único que sobrevivía son esos pantalones a un lado de la cama de los cuales sobresale parte de un llavero.  Tomó su ropa, verificó que llaves y cartera permanecían en su bolsa, y se dirigió a la cocina. Dos minutos después desistió de buscar la prensa francesa, hallando solo instantáneo en presentación americano y capuccino, infusiones de manzanilla y para dolencias varias en bolsitas “de té”, endulzante natural que no era azúcar y la ausencia de su tasa predilecta. Una pequeña excursión al bote de la basura lo llevó a encontrarse con taza y prensa, en el fondo del bote, ni siquiera rotas, sólo colocadas ahí como basura, deshecho de algo que ya se consumió.


Salió de la casa, cerró la puerta, rompió la llave. Echó a andar sin rumbo fijo, respiración entrecortada. De repente, preguntarse ¿Qué ha pasado? Y unos minutos después una pequeña sonrisa. Caminar con cierta pesadumbre, y de repente silbar, acto que siempre se ha achacado a hombres felices, o al menos optimistas. Pensaba entonces: “Quizá pronto encuentre otra casa, me vuelva okupa, duende, Doppelgänger, trastorno mental, fantasma, y luego carne, realidad.”

27 de julio de 2012

Monumento

Fui monolito, máxima pieza de tu museo personal.
Estatua de dos virtudes, diez defectos y algunas veintenas de pecados.
Un sueño de la razón que no producía monstruos,
Un grabado de creación, del vino, pan, casas, vida.

Y luego, la repetición, el polvo, el tiempo hecho un rayo.
Centella que de a poco desmorona, empequeñece y oculta.

25 de julio de 2012

Ejercicio número 2. Catorce endecasílabos

Mundo, escucha, te pido más certeza.
No ofrezco disculpa ante mi altanería,
pues sería de mi parte una bajeza
actuar desde mi queja, vil cobardía.

No pido mucho, tan sólo verdades:
¿Qué quiere? ¿Ella me quiere? ¿Qué quiso ella?
No son éstos misterios de deidades,
tesoros sacros, o brillante estrella

No importa, se me niega una respuesta,
poco vale si tal cosa me enerva.
Y la voz omnipresente, que sentencia:

¿Certeza tú? Pobre figura enhiesta,
crees merecer todo, sin reserva.
¡Toma incertidumbre! Sólo experiencia.

20 de julio de 2012

Monosilábicas declaraciones

Sí, me voy de ti.
No, ya no más.
¿Quién? ¡Él!

Ya. Sal de mí.

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Jo. Ejercicio medio raro. A dormir.

1 de julio de 2012

19 de mayo de 2012

¿Qué tanto tendremos...?

¿Qué tanto tendremos de locos? 
Si somos transparentes, ausentes; 
si nos entendemos con un muro de silencio, 
si aún así podemos vernos.

¿Qué certeza tenemos de sabernos?
Quizá el peso de Babel aún nos separa. 
Si tu hablas de sueños, yo de razones,
luego tú razonas, y yo ando a duermevela

¿Y qué  tanto de condenados? 
Queriendo a otro en tiempos de guerra...


-Pensaba en esta bonita profesión del psicólogo. Su propio objeto/sujeto de estudio. Luego el cambio abrupto.- BTW, 20 de mayo, día del psicólogo! :)

20 de noviembre de 2011

Otro cuento


Mientras hablaba, una corriente de aire comenzó a recorrer aquella explanada ligeramente poblada por personas que realmente no deseaban estar ahí. Desde luego, la hora de los discursos es por lo regular un momento tedioso –aún cuando el discurso lleve la sangre, el alma y el desvelo del autor en el-. Pero claro, muchas veces esto no importa. Y de hecho, en este momento ni el discurso ni ella tenían tanta importancia como el viento aquel que recorría el lugar.
Este viento, en cierta forma era alegre, en cierta forma agresivo, y en cierta forma cariñoso. Quizá en el momento del discurso se aproximaba como otras veces, alegre para juguetear con su pelo, para refrescar ligeramente el ambiente.  Y a la par un poco agresivo –debo decirlo-, para liberar de su sopor a los escuchas obligados de aquel discurso, o para levantar el polvo que se acumulaba con hastío en algunos rincones, o quizá para llevarse todo aquel sentimiento indeseable. Y a veces, el mismo viento soplaba con cariño, cuando se le necesitara. Ya fuera para acompañar un atardecer de esos que uno desearía jamás terminasen, ya fuera para ser el tercero que se funde en un abrazo, y también para llevarse alguna lágrima y con ella el dolor, la pena, la impotencia y demás situaciones incómodas que muchas veces parecen no tener solución alguna.
Pero bueno, resulta que este viento tenía cierta característica que lo hacía ligeramente humano. Este viento –antes Ehécatl, Eolo u otra veintena de nombres que ya nadie recuerda- andaba como cualquier otro. Recorriendo el mundo. Con cierta libertad, que a la par le obligaba a no poder permanecer mucho tiempo en donde quisiera. Pues desde luego… No era posible que el viento se detuviera. Si así fuera ¿Quién tomaría estas atribuciones de alegría, agresividad y cariño?
Y sin embargo, tenía sus lugares predilectos. Le encantaba por ejemplo, rondar por aquellos lugares donde el frío parecía nunca terminar. En cierta forma tal frío le hacía pensar en la posibilidad  de que todo –incluido el- se congelara, se detuviera. Aunque fuese solo una vez, esto le hubiese permitido ver por más tiempo alguno de tantos lugares por los que pasaba de vez en cuando.
Amaba también aquellos lugares donde la lluvia era frecuente. El ruido de las gotas golpeteando contra todo lo que hubiese a su paso, los pequeños riachuelos que se formaban en cualquier pendiente y ese aroma que sólo la lluvia puede producir eran en su conjunto, otro de los lugares que este viento ansiaba recorrer cada que tuviera la oportunidad.
Existía sin embargo, otro lugar que de hecho se le antojaba muy incómodo. Hacía desde luego, un calor endemoniado que incluso hacía que su temperatura se elevara. Además de esto, el lugar era seco como pocos así que la moneda corriente era que cada vez que atravesaba ese lugar, regresaba ligeramente hastiado, arrastrando con el todo el calor y polvo que pudiese imaginar. Y sin embargo, había un buen motivo para andar de vez en cuando en esas no tan agradables tierras.
Y es en este momento, que aquella mujer del discurso toma importancia. Pues era el motivo por el cual el viento andaba alegremente por esos lugares que de otro modo le hubieran parecido insoportables. Ya fuera para alegrarle un poco el día, soplando a veces un poco de más, agitando su pelo. Ya fuera compartiendo un poco de ira. Y aún llevándose de vez en cuando sus lágrimas, rodeándola suavemente como queriendo decirle que todo pasará y que en algún momento las cosas mejoraran…

16 de noviembre de 2011

Corazones

Dice Mario que lo tuyo, tu problema
es ser de aquellos corazones coraza.
Que lo tuyo es miedo, no malas intenciones,
pequeña y dulce corazón coraza.



Difiero, lo tuyo también es de abrojo,
vida entre un clima agreste, temor y agresión.
Corazón abrojo, tocarte hiere.
Corazón abrojo, se defiende, muerde.


Y según Romero, también los hay de mimbre,
que se doblan, que resisten, que jamás se rompen.
Corazón que se forra de espuma, se esconde.
Corazón de mimbre, se dobla antes que partirse.



Y queda el mío, corazón carne trémula,
corazón puño sangrante, latir a veces cansino.
Y desde luego, no lo niego, también a veces:
Coraza, abrojo, mimbre y desatino.





Yep, esto ya está en el fb. Sólo quería unirlo, Mario es Benedetti, Romero es un cantante, y los otros dos son míos. Fin de la historia.

7 de noviembre de 2011

El gato con los pies de trapo


Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Podríamos imaginarnos que el pobre gato del cuento vivía en la total y absoluta amargura. Y esto desde luego se debía en parte a su condición, pues claro; ¿Quién no estaría triste de vivir en la triste situación de ser un gato bizco y semiparalítico? Sin embargo, la mayor inconformidad de este gato, -a partir de ahora nuestro gato- podía ser otra, muy distinta a las características de su existencia.

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
 Un cuento bastante malo, sin acción. No hay princesas, dragones o finales felices. Sólo nuestro gato. Y desde luego, esto nos puede hacer pensar que nuestro gato vivía siempre molesto. Desde luego, este nuestro gato y su cuento breve no se parecía en nada aquel otro cuento del tipo que cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Cuando menos aquel tipo era capaz de dejar absorto a cualquiera, pensando mil y un cosas. ¿Qué soñaba antes de despertar? ¿Qué dinosaurio era aquél que estaba allí? ¿Qué habría hecho aquél tipo en cuanto vio a aquél dinosaurio salido directamente de sus sueños? Por cosas como esta, podrán imaginarse que nuestro gato vivía terriblemente molesto. El era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. Y ya. El no hacía, no decía, no se movía, no despertaba, no hacía nada. Sólo estaba. Desde luego, muchas veces cambiaba de color. A veces era blanco, a veces marrón, a veces negro y las menos, pinto. Lo mismo aplicaba para los pies de trapo. A veces eran sucios remiendos que parecían haber sido pasados por el sucio piso una y otra vez, a veces brillantes pies de satín e incluso alguna vez, pies de trapos multicolores. ¿Te imaginas? Un gato camaleónico que no podía moverse, que no hacía nada y que incluso parecía estar en el limbo.

Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Y sí. Según la descripción el gato podría estar en cualquier o ningún lugar. Seguramente estaba tirado en un cuarto blanco. De esos que vuelven locas a las personas. O quizá en la cima del mundo, rodeado de nieve y silencio. O quizá en las profundidades de la tierra, rodeado de oscuridad y silencio. Pero seguramente nadie se imaginaría a este nuestro gato en una fiesta, tirado en la playa o tirado en la ventana de un edificio de una gran ciudad viendo cómo caía la lluvia a través del cristal. Eso último hubiera hecho de nuestro gato un gato nostálgico y hubiera sido un gran cuento. Pero no, nuestro gato no hacía nada y estaba rodeado de nada.

Y desde luego, este cuento de nuestro gato con los pies de trapo y los ojos al revés era muy malo. Hacía reír a muy pocos niños. Ahora mismo sólo podría mencionarte a alguno cuya sonrisa era más fácil de conseguir hace 20 años. Pero por otra parte, muchas veces era utilizado para salirse por la tangente, Para dejar sin un cuento a lindas niñas de sonrisa radiante y vestidos rojos. Así que sin más, el cuento de nuestro gato fue cayendo en el olvido. Situación que podría parecer triste, pero que en realidad no lo es.

Imagínate a nuestro gato. Han pasado muchos años y ya nadielo cuenta. Podríamos pensar que desapareció en el tiempo como un mal chiste o un mal sabor de boca.  Pero no fue así. Con tanto tiempo libre, podrás imaginarte que nuestro gato comenzó a aburrirse. Ya nadie lo contaba, así que ya nada le exigía permanecer quieto, tirado en la nada. Sin embargo, es necesario mencionar que después de mucho tiempo de ser contado como un gato que no se mueve, el pobre estaba por demás entumido. Así que paso largos días intentando moverse, levantarse.

 Y sí, poco a poco comenzó a sentirse. Primero las orejas. Y pudo escuchar su respiración, sus latidos y quizá el pasar de alguna casi imperceptible corriente de viento. Luego el cuello, la cola, parte del cuerpo y así, hasta que llegó a los pies. Situación que se antojaba complicada, pues desde luego ¿cómo podría moverse con esos pies de trapo? ¿Cómo podría levantarse con esos pies de trapo?

 Y sin embargo, lo logró. Con mucho esfuerzo al principio. Caminando  como un recién nacido, como un borracho después y a base de práctica y esfuerzo, logro caminar con la docilidad de cualquier gato. Cualquier gato enfundado en calcetines, claro. Y desde luego, no sólo se había producido un cambio en la capacidad de nuestro gato para moverse. Resulta que también poco a poco, fue adquiriendo la capacidad de observar, de sentir, de pensar. Sin embargo no podía hacer mucho estando en ese lugar vacío. No había nada salvo el. El gato con los pies de trapo y los ojos al revés. Sin embargo, un día algo pasó.

 Nuestro gato caminaba tranquilamente en el infinito lugar vacío cuando de pronto cayó al suelo, sin poder moverse. A la par de esto comenzaba a tomar un color blanco, totalmente blanco mientras que sus patas se tornaban azules. Y de repente pudo observar algo. Había a su alrededor una gran cantidad de cosas que él no conocía pero que desde luego llamaron su atención, luego todo desapareció. Y volvió a aparecer, y a desaparecer. Y apareció, y desapareció. Todo esto mientras escuchaba estas palabras:

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Al terminar la última frase, nuestro gato pudo moverse de nuevo. Sin embargo aquél lugar vacío ya no era tal. Habían aparecido de no sé donde, algunos objetos. Parte de lo que había visto al quedarse paralizado ahora yacía ante él. Desde luego, esto le causó una gran curiosidad y se la pasó largo tiempo observando todos estos objetos. En realidad estos no eran más que una revista y algunos recortes. Sin embargo nuestro gato no sabía que tales cosas eran lo que eran. De modo que quedó muy sorprendido ante tal hallazgo. De repente –y en realidad no sabemos cuánto tiempo pasó, se escucharon de nuevo las palabras-

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Y de repente, más cosas aparecían ante nuestro gato. Juguetes, ropa, cobijas, camas, dulces. Todo lo que nunca antes había podido ver ahora se hallaba ante él. Poco a poco no sólo aparecieron cosas. Sino que empezó a percibir aromas, sensaciones. A veces un calor que lo aletargaba. A  veces frío, demasiado frío. A veces el olor de la tierra mojada y algunas otras el inconfundible aroma del mar. Desde luego, nuestro gato ahora se sentía totalmente diferente. Ahora conocía muchas cosas que antes ni siquiera podía imaginar.

 Y sucedió, que algún día mientras nuestro gato leía alguno de tantos libros que ya habían aparecido en este su lugar ya no tan vacío (Y no me pregunten cómo, pero nuestro gato aprendió a leer), de nuevo se quedo parado. Y escucho de nuevo:

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Sin embargo, algo había de raro en esta ocasión. La voz que dictaba el cuento parecía molesta, muy molesta. Fastidiada, como si hubiera una gran infelicidad en ella. A la par de esto, nuestro gato pudo observar dos caritas muy parecidas. Ambas con lágrimas en los ojos y una gran cara de tristeza. Esto desde luego, hizo sentir mal a nuestro gato. Tanto que no notó lo que había aparecido en esta ocasión mientras el simplemente cerraba los ojos, tratando de olvidar esas imágenes que le habían producido una gran incomodidad.

 Sin embargo, en algún momento volvió a abrir los ojos y observó aquel extraño y nuevo objeto que tenía frente a él. Un reluciente y negro armatoste lleno de botones con letras pintadas en cada uno de ellos y hojas de papel estaban a su lado. Nuestro gato, aún con cierta pesadumbre se acercó a este nuevo objeto observándolo detenidamente. De algún modo coloco una hoja en aquel armatoste y comenzó a presionar botones, extrañado ante semejante invención.

 -asdTahsfkaw409hEdkljsdhfkjq3q   qu0Adslidu q33u qwr uy dasdaosdas Mahsdaksckcnea Osdadas  asjadhksdh ajfkahdsfkjahjfafk Dsasdakjsdh Adgsyierusdfhsdfsdf Nadasdasaiutpwyw Iasdhasdhakjsdhakjdhaskjd-

 Y poco a poco siguió practicando. Sin embargo la imagen de esos dos pequeños seguía en su cabeza. Y así pasó algún tiempo. Tiempo en el cual nuestro gato se hizo de un mundo muy parecido al nuestro, lleno de cosas por observar y por hacer. Lo que finalmente lo llevaría a ser un gato por demás instruido. Sin embargo estando solo difícilmente podía pensar en algo más que el (aunque esta situación aplica para los gatos verdaderos también). Y aún a pesar de esto, la imagen de aquellos niños seguía rondando en su cabeza.

 Desde luego, aún era habitual que nuestro gato quedara paralizado de vez en cuando y escuchara:

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

 Y de repente, esto le provocó una gran idea. Recorrió ese enorme lugar que antes fue su lugar vacío, buscando desesperadamente. Hasta que encontró aquel armatoste en el que tiempo atrás había escrito. Colocó una hoja y comenzó a escribir, lentamente:

 Este era un escritor, que tenía dos hijos, los cuales tristes lloraban…
 De repente, una voz sonó en algún lugar: ¿Dónde estoy?
 Raudo y veloz nuestro gato se lanzó a ubicar la fuente de ese sonido. Y en poco tiempo lo encontró. Parado frente a él, se encontraba el mismo sujeto que tiempo atrás lo había llamado y había hecho aparecer frente a él, ese armatoste para escribir.
 El hombre parecía confundido. Muy confundido. Y en cuanto vio a nuestro gato no pudo hacer otra cosa que sorprenderse de nuevo.

 ¡El gato, el gato con los pies de trapo y los ojos al revés!

 Y este nuestro gato, con una mirada que era una mezcla de pesadumbre y paciencia se acercó a los pies de aquel hombre, pegándose a sus piernas para luego alejarse, esperando que el hombre entendiera el mensaje y lo siguiera.

 Afortunadamente este hombre entendió el mensaje y siguió a nuestro gato por su mundo. El mismo mundo que antes era un lugar vacío y que ahora se encontraba repleto de todas las cosas del mundo. Después de un tiempo que no sabemos si fue mucho o poco. Y después de que el escritor viera todo lo que había en el mundo de este nuestro gato, desapareció. Dejando a nuestro gato con la esperanza de lo que él quería, sucediera.

 Y en algún momento, que tampoco sabemos si fue poco o mucho tiempo después. Este nuestro gato se quedo paralizado de nuevo:

 Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
 -¡Sí!- contestaron dos voces al unísono
 -Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. Y este gato vivía en un lugar maravilloso, lleno de todas las cosas que uno pudiera imaginarse. Y este lugar era todo y nada a la vez. Era campo fresco, una calurosa playa en un día de verano e incluso era mar embravecido. ¿Quieren que les cuente más?-
 Y de nuevo el ¡Sí! en las caritas encendidas de dos niños que se sonreían
 -Pues resulta que un día, este gato con los pies de trapo y los ojos al revés…- Y la historia se hizo larga. Esa fue una gran aventura para nuestro gato. Y le siguieron muchas, muchas aventuras más. Incluso, algún día creyó reconocer a la linda niña del vestido rojo. La linda niña del vestido rojo ahora convertida en una bella mujer que felizmente le contaba una historia a otra niña, con la misma sonrisa angelical que ella y otro vestido rojo.

 Y este, fue el cuento de nuestro gato. Nuestro gato con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?


 C O N T E X T O ! ! !

En fin, esto lo escribí a principios de año, en realidad me agrada el contraste que terminó mostrándose al acabar con el cuento. Desde luego, la intención era crear una especie de cuento infantil, aunque la deformación profesional me llevo a hacerlo no tan infantil, con cosas raras que se me fueron atravesando y demás. Desde luego, está atascado de referencias raras dedicadas a la dueña del cuento, porque finalmente fue un regalo de cumpleaños. Ya saben... uno no puede hacer otra cosa que esforzarse en lo que se es medianamente bueno y esperar que con la práctica y la correcta motivación, mejore.

BTW... Ese cuento del gato con los pies de trapo es bastante desconocido, jamás pensé que en base a eso se diera esa situación, situación rara que originó este cuento raro. C'est la vie! 

Desde luego, creo que el cuento le gustó :D

Eeeen fin, fuera de eso, no tengo nada más que decir.