17 de septiembre de 2011

Días perdidos #2


No soy príncipe, ni mucho menos
jovenzuelo de Dinamarca.

No aspiro a reinar otra cosa,
tan solo mi propia vida.

Y entonces, ¿Con qué atrevimiento?
Pregunto a la sombra de la duda

¿Con que atrevimiento pides,
que emule tus andares, alma raída?

No te debo nada, ni oro u honores.
No me debes nada, ni tiempo o palabras.

Tu, vuelve a tu tierra olvidada, permite
que el óxido te cubra. Muere.

Y aquí, ni por la espada, ni el veneno.
Ni la culpa o por la pena honda

Otro rey ha muerto, la vida sigue.
¡Soy gobernante de una sola vida!

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