No soy príncipe, ni mucho menos
jovenzuelo de Dinamarca.
No aspiro a reinar otra cosa,
tan solo mi propia vida.
Y entonces, ¿Con qué atrevimiento?
Pregunto a la sombra de la duda
¿Con que atrevimiento pides,
que emule tus andares, alma raída?
No te debo nada, ni oro u honores.
No me debes nada, ni tiempo o palabras.
Tu, vuelve a tu tierra olvidada, permite
que el óxido te cubra. Muere.
Y aquí, ni por la espada, ni el veneno.
Ni la culpa o por la pena honda
Otro rey ha muerto, la vida sigue.
¡Soy gobernante de una sola vida!
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