27 de marzo de 2008

Credo

¡Reuníos! Hijos del infortunio,
seres errantes del camino accidentado,
Parias, malsanos, desheredados.
Portadores de la auténtica tiniebla.

Y reneguemos de nuevo…

De la fe de los cobardes,
que ceden al pantocrátor su vida
y esperan -sin luchar por ellas-
la felicidad o la dicha.

De la cordura, tan falta de fe
y su enfermiza fidelidad a los sentidos.
A su visión cerrada, que hace de nosotros
lastimeros enfermos, a la vista del vulgo.

De los falsos desheredados,
investidos en su burda mascarada.
Inventándose una causa, un motivo
como si en realidad fuese necesario.

¡Reuníos! Hijos del infortunio.
Purificaos de aquello que hemos renegado.
In nomine homo, et esse et mentis…
Amen.

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